La noche cae en la ciudad, he inunda de sombra, frío y desconfianza las calles que este mismo mediodía pateaba con total soltura.
Los acontecimientos se van sucediendo unos tras otros… sin nada en común, sin nada que envidiarse, sin remedio, sin contemplaciones…
Simplemente todo sigue, y al otro lado del charco amanece en este instante, posiblemente en un apetecible prado, cerca de una charca de agua cristalina a unos 25 grados, y con la persona que amas al lado.
Freno por un momento, ato por instante mi imaginación… porque soñar con un paraíso terrenal ideal tan distante, pudiendo crear el mío propio aquí, en mi casa, en mi barrio, en mi ciudad.
Me apetece evadirme, echar a volar y aparecer en el otro lado del mundo, alejado de todo aquello que conozco… de la cultura, la civilización occidental, las carreteras, el odio, el consumo, las drogas, la riqueza, la prepotencia, el engaño, el dolor, la arrogancia, la indiferencia… alejado de mí.
Quisiera despertar mañana y tener una vida de ensueño, con todos los cabos de mi corazón atados, con un lugar donde desarrollarme como persona y con gente a quien amar… pero sería demasiado fácil, y hay gente que se lo merece más, eso es seguro.
Para mañana me conformaré con levantarme, estar con mis padres, hablar un rato con ellos, pasear, respirar hondo…
Pero que es del ahora, el ahora siempre se nos escapa, se nos olvida.
Bahhh… estoy harto de ser tan predecible, de escribir siempre lo mismo, de no poder ni una pizca de amor en cada texto, en cada línea, en cada sílaba, en cada suspiro de mi alma… pero eso va a cambiar, todo está en proponérselo seriamente y trabajar.