domingo, 22 de abril de 2012

Es tarde...


Es ya tarde, y no tengo nada mejor que hacer que empaparme en mis propios pensamientos.

Me siento contra la pared, en el puf con el cojín encima, con los pies sobre la alfombra para que el frío suelo de mármol acabe con lo único que aún me queda casi intacto, la salud.

Cierro los ojos, y sin moverme de mi cuarto apareces detrás de mí, y tu voz me susurra al oído como una especie de melodía, como un ángel, como algo difícil de comprender que me derrite y hace relajar involuntariamente todos los músculos del cuerpo.

Trato de olvidar que bastante lejos de aquí, tú le entregas tu amor a otro, y que yo solo tengo lo que tengo porque me lo  merezco… hoy no volverá a ser una noche de auto-compasión.

El momento pasa, y vuelvo a la realidad, a mi cuarto, sentado en el puf, y con el portátil entre las piernas tratando de leer un poco.

Intento revivir el momento. Una sensación tan pura, tan mágica, tan bella, pero tan poco real.

La noche volverá a ser como otra cualquiera, y yo me dormiré otra vez más como el adolescente que soy, solo y con la cartera preparada para mañana, pero nada me hará dejar de soñar que podía haber sido cierto, nada me hará creer que no queda esperanza para volver a verte, para charlar un rato, para salvar el mundo o al menos hacer algo de provecho con la vida, algo más que un simple sueño, una realidad imperfecta pero llena de amor y constancia, de lucha y entrega, de paz y derrota, de experiencias… de vida.

lunes, 16 de abril de 2012

Hoy me ha vuelto a dar por criticar... espero que al menos sirva de algo

Bueno, y aquí seguimos, partícipes de nuestra realidad que nos esclaviza, asistiendo impávidos al fin de la tierra, o al comienzo de lo que nosotros estamos y están haciendo de ella.

¿Pesimista? No creo, todavía no he dejado de luchar, todavía me sigo levantando, aunque siempre con retraso y a medio gas, y aunque aún no he sido capaz de comprender la realidad tal cual es, y comprendernos a nosotros dentro de ella, no he perdido la esperanza en que todo tiene algún sentido. El rostro de la felicidad, que como dice Carlos Goñi, es la felicidad y la vida misma reflejada en el rostro del que tenemos al lado.

Aún sigo y seguimos formando parte de esta educación que no nos educa, nos embute información… yo todavía estoy por asimilar todo lo que “aprendí” en primaria.

No quiero caer en comenzar a criticar sin ton ni son, pero que me conteste el que no crea que está perdiendo el tiempo en su educación (prioritariamente primaria, secundaria y bachillerato, lo que creo que se conoce como enseñanzas medias o pre-universitarias), no porque aprender sea inútil, ni muchísimo menos, sino porque solo se ven de pasada miles de conceptos que se suceden, tratamos de asimilarlos como podemos y pasar a otra cosa. “Facultades como la espontaneidad, originalidad e inventiva cada vez se van perdiendo más y más”, y no lo digo yo, ya lo dijo Francisco Giner en una de sus muchas cartas sobre educación, hace ahora algo más de un siglo, y la realidad no es que haya cambiado mucho.

Tampoco tengo hoy mucho más que decir. Solo una pequeña crítica al sistema educativo. Pero la cuestión no es esa. El mayor problema es que el día de mañana todos nosotros y nosotras pasaremos a ser los educadores de las nuevas generaciones, y posiblemente, si no reaccionamos antes, les seguiremos educando disimuladamente en valores como las jerarquías, el respeto que se confunde con el miedo, la mentira, la escusa, el querer vivir demasiado deprisa y muchas cosas más que ahora mismo tampoco soy muy consciente de ellas…

Ok, nos ha tocado lo que nos ha tocado, eso no es ser pesimista, como dijo un amigo mío (fisherman), eso es ser realista. Ahora bien, una vez que logramos ver la realidad, comenzar a actuar a partir de ella.

El día de mañana posiblemente se siga educando de manera general en esos valores, pero yo por lo menos voy a intentar que la realidad de mi pequeño mundo sea un poco más diferente… más en contacto con la realidad y menos sobreprotectora.

Un saludillo

domingo, 15 de abril de 2012

Y aunque al llamar obtuve un “no” propio de las circunstancias, nadie es capaz de convencer a mi corazón de que ese “no” iba en serio, ni siquiera yo.

Ni siquiera los arrebatos de celos desmedidos hacia personas que apenas conozco, ni los constantes desengaños, ni la falta de ganas de salir adelante, ni el frío, ni la soledad, ni la pérdida de uno mismo me hacen hoy ser capaz de recordarme que creo que te amo.

Pero que más da, supongo, porque a nadie más que a mí me importa, y yo soy tan estúpido que ya nadie me importa, por lo cual no sé si sufro de posesión vacía o de amor sin correspondencia, o de distancia, o miedo, de miedo a vivir de verdad.

Que los muros que levanto con alegrías futuras acabarán convirtiéndome en un gigante con los pies de barro es algo más que probable, y que esta locura sin sentido solo haya cordura cuando uno es capaz de mirarse en los ojos del que tiene a su lado, es algo más que seguro, es infalible.