En lo
que llevo recorrido el clímax sexual no me ha hecho alcanzar una experiencia
extasiante (sé que no es correcto, pero me falta un concepto), ni una sensación
tan placentera y profunda como la que experimento al notar como mi corazón se
abre a una persona al tiempo que este me abre el suyo, y ambos fluyen en un
océano de transparencia, profundidad y libertad por explorar.
No
conozco nada superior al bienestar y la paz que siento al experimentarlo: me
hace sentir realizado y satisfecho, y al mismo tiempo que siento ayudar a otra
persona a conocerse más a sí misma y a dejar atrás sus miedos, yo me conozco
más profundamente, especialmente conozco cual es la razón por la que merece la
pena vivir: llegar a un estado donde uno se regocije y bañe constantemente en
ese océano, en esa agua pura, en esa tranquilidad, paz y luz.
Incluso
utilizo el contacto sexual para tratar de llegar a ese oasis espiritual exento
de miedo y ansiedad, de sufrimiento y cansancio, de rencor y debilidad.
Los
ojos actúan como puertas que dan al interior de cada ser humano, y en ellos
podemos ver brillar esa luz de entusiasmo, pasión, serenidad, satisfacción y
paz que nos hace únicos como especie, poseedores del que considero el mayor
tesoro que nuestro árbol de la vida: la conciencia de nuestra existencia, la
capacidad de pararse y contemplar, de admirarse, de gozar de los placeres que
nuestra biología nos ofrece más allá del básico instinto de supervivencia
animal.
Nosotros
podemos imaginar, podemos crear mundos y situaciones con nuestro cerebro,
podemos desarrollar más talentos que cuentos contó Sherezade, podemos dar
gracias, inventar un propósito y sentido para nuestra existencia y mejorar a
cada instante para alcanzarlo.
Podemos
moldear el planeta, y también podemos destruirlo.
Podemos
contemplar la belleza, y podemos acabar con ella.
Podemos
designar lo que para nosotros es bello, y a consecuencia lo feo, lo que es bueno,
y a consecuencia lo malo, lo que debe ser tolerado, y lo que no.
Podemos
esforzarnos por mejorar, ponernos a prueba por diversión o necesidad de saber
de qué estamos hecho.
Podemos
escribir versos que hagan templar nuestro templo, y podemos crear ilusiones que
nos hagan resbalar cómodamente por el tiempo que tenemos.
Podemos
decidir, y aunque el cerebro humano aun sea un gran desconocido de 5 kilos, y
aunque únicamente seamos animales que han desarrollado otras cualidades,
podemos hacer de nuestra experiencia vital un vertedero de miedo y rencor o un
oasis de mágicos atardeceres, bellos seres e indecibles tesoros que cada uno tiene
la oportunidad de descubrir.
Nuestro
tiempo es limitado, y yo no voy a esperar más
para comenzar a vivir como sueño.
Mañana
me levanto a la 7, me doy una ducha fría, me miro un rato en el espejo dando
gracias por todo lo que tengo, y continúo disfrutando contemplando este mundo,
buscando algo que hacer en él.