domingo, 18 de agosto de 2013

Madrugada del domingo 18 de agosto de 2013


En lo que llevo recorrido el clímax sexual no me ha hecho alcanzar una experiencia extasiante (sé que no es correcto, pero me falta un concepto), ni una sensación tan placentera y profunda como la que experimento al notar como mi corazón se abre a una persona al tiempo que este me abre el suyo, y ambos fluyen en un océano de transparencia, profundidad y libertad por explorar.

No conozco nada superior al bienestar y la paz que siento al experimentarlo: me hace sentir realizado y satisfecho, y al mismo tiempo que siento ayudar a otra persona a conocerse más a sí misma y a dejar atrás sus miedos, yo me conozco más profundamente, especialmente conozco cual es la razón por la que merece la pena vivir: llegar a un estado donde uno se regocije y bañe constantemente en ese océano, en esa agua pura, en esa tranquilidad, paz y luz.

Incluso utilizo el contacto sexual para tratar de llegar a ese oasis espiritual exento de miedo y ansiedad, de sufrimiento y cansancio, de rencor y debilidad.

Los ojos actúan como puertas que dan al interior de cada ser humano, y en ellos podemos ver brillar esa luz de entusiasmo, pasión, serenidad, satisfacción y paz que nos hace únicos como especie, poseedores del que considero el mayor tesoro que nuestro árbol de la vida: la conciencia de nuestra existencia, la capacidad de pararse y contemplar, de admirarse, de gozar de los placeres que nuestra biología nos ofrece más allá del básico instinto de supervivencia animal.

Nosotros podemos imaginar, podemos crear mundos y situaciones con nuestro cerebro, podemos desarrollar más talentos que cuentos contó Sherezade, podemos dar gracias, inventar un propósito y sentido para nuestra existencia y mejorar a cada instante para alcanzarlo.

Podemos moldear el planeta, y también podemos destruirlo.

Podemos contemplar la belleza, y podemos acabar con ella.

Podemos designar lo que para nosotros es bello, y a consecuencia lo feo, lo que es bueno, y a consecuencia lo malo, lo que debe ser tolerado, y lo que no.

Podemos esforzarnos por mejorar, ponernos a prueba por diversión o necesidad de saber de qué estamos hecho.

Podemos escribir versos que hagan templar nuestro templo, y podemos crear ilusiones que nos hagan resbalar cómodamente por el tiempo que tenemos.

Podemos decidir, y aunque el cerebro humano aun sea un gran desconocido de 5 kilos, y aunque únicamente seamos animales que han desarrollado otras cualidades, podemos hacer de nuestra experiencia vital un vertedero de miedo y rencor o un oasis de mágicos atardeceres, bellos seres e indecibles tesoros que cada uno tiene la oportunidad de descubrir.

 

Nuestro tiempo es limitado, y yo no voy a esperar más  para comenzar a vivir como sueño.

Mañana me levanto a la 7, me doy una ducha fría, me miro un rato en el espejo dando gracias por todo lo que tengo, y continúo disfrutando contemplando este mundo, buscando algo que hacer en él.

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