No sé porque te llamo querido si ni siquiera sé si existe o si eres un diario, ni siquiera sé si esta es otra de esas muchas ideas impulsivas y descabelladas que acaban por no acabar en nada preciso. Pero bueno, creo que la verdad es que hoy me da todo un poco igual, ha sido un día raro, de un lado para otro siguiendo un horario y una serie de obligaciones, las cuales, por suerte, me han dejado un rato de vida el cual he echado con un amigo hablando de todo un poco en general y del instituto en particular.
Para empezar me gustaría detallar que no sé cómo definirme, podría dar una idea cercana a como pienso o donde me encasillo, pero creo que acabaría haciendo eso mismo, encasillarme, inventarme unas limitaciones de las cuales no podría salir sin pensar que estoy haciendo un mal a alguien o que estoy traicionando a “los que piensan como yo”.
No sé, es una idea suelta, pero me encanta cuando alguien pregunta: “¿Y tú quién o qué eres?”, esperando la típica respuesta de decir tu equipo de fútbol preferido, tu ideología, tu estilo de música o de ropa y, quizás sin venir a cuento, pero creedme que sí, contesto, “¿Yo?, yo soy Carlos.”
Idiota verdad, es posible que alguno piense que hasta podría llegar a ser prepotente, pero no me gusta para nada mezclar la prepotencia con la confianza.
El saber que se tienen las cosas claras, que tienes unos objetivos y confías en ti mismo y tus posibilidades, no tiene nada que ver, ni de lejos, con creer que se está por encima de los demás.
Siendo sincero, para comprender mejor lo que quiero transmitir quizás sea necesario que me conozcáis un poco más antes, lo cual quizás me ayude a conocerme a mí mismo mejor.
Desde chiquitito me he criado y he crecido en un colegio, y por así decirlo, en una educación católica, lo cual quizás explique muchas cosas. A ver, con esto quiero decir, que desde chico he tenido que comulgar con una serie de ideas, dogmas y creencias que ahora, que arbitrariamente he puesto mis ideas un poco en orden y he neutralizado un poco mis razonamientos, me he dado cuenta que nunca había aprobado.
Simplemente, consumido por la inercia de las ideas, y de un entorno que me ha escondido siempre gran parte de la verdad.
Educado en un ambiente donde los debates político-sociales más profundos que podíamos llegar a sopesar eran aquellos que conllevaban, de un modo u otro, como trasfondo alguna contradicción al catolicismo, llámese Burka, Eutanasia, Aborto, Pena de Muerte o Fanatismo Islámico, pasando también por sectas y supersticiones varias.
No digo para nada que esté mal, porque son temas que hay que debatir, pero no creo que la manera correcta sea dando por entendido de antemano que si piensas diferente estás equivocado.
Nunca me atreví a levantar mi voz, y me acostumbré a vivir cómodamente en mi silencio, en mi ignorancia, en mi soledad…
Así que lo siento para el que esperase de mi vida algo en plan “la forja de un rebelde”, lo siento. Únicamente, por h o por b, llega un momento en la adolescencia, en el que sales de tu círculo de personas de ese entorno, y empiezas a conocer a otras personas cuyas vidas han transcurrido por direcciones totalmente diferentes, aunque de algún modo paralelas.
Te das cuenta de que hay más formas de ver las cosas, de afrontar los problemas, otras maneras de pensar, y quizás ahí te empiezas a dar cuenta de que todo en lo que siempre habías creído o en lo que te habían educado, quizás no era “a pies juntillas” lo que estaba bien.
Y aquí hago una especie de mención a aquellos padres y madres que deciden inculcarles sus criterios, prejuicios y creencias desde chicos, tanto de una ideología, religión o rama como de otra o tantas otras como existen.
Solo decir eso, que creo que la educación debería de ser libre e igual hasta cierto punto en el cual la persona tiene la suficiente madurez personal como para decidir por sí mismo lo que quiere, o lo que cree que empieza a querer.