domingo, 19 de febrero de 2012

Libertad...

Por estúpido he perdido todo aquello que algún día me caracterizó, o al menos debió hacerlo, como ser humano…
Por haberme dejado engañar la he perdido, me han dado el cambiazo por otros bienes más atractivos y he caído como un producto más…
La he perdido, y soy consciente, y no sé donde estará… Y siento rabia contra el mundo por haber jugado conmigo, y pena hacia mí por haber sido tan débil y haber desviado mi mirada… Y siento pena hacia el mundo por haber perdido el norte y la esperanza, y rabia contra mí por no saber defender lo que es mío, porque lo que mejor se me dio siempre es lloriquear y fantasear.
Quiero romper con todo para poder ir en su busca, dejarlo todo atrás porque sin ella nada tiene sentido… ni ser ni sentir, ni viajar ni conocer, ni besar ni amar, ni dar la mano ni decir adiós, ni salir a la calle, ni seguir aprendido yo que sé que, ni continuar cualquier camino que empiece. Respirar no tendría sentido sin ella, y decir que he vivido en plenitud sería la mayor falacia que mis labios podrían dejar escapar si antes de morir no soy capaz de volver a dar con ella…
No sé donde estará, pero sé que hace ya algún tiempo que salí en su búsqueda, y aunque ahora me encuentre desanimado sé que solo es una cuestión de perspectiva. Pienso respirar un momento, volver a ponerlo todo en su sitio y mañana en cuanto amanezca seré un hombre nuevo, un hombre nuevo, el mismo de ayer, que saldrá a caminar en continua búsqueda de su Libertad en esta selva de asfalto y avenidas, y que piensa rendir cuantas a aquel que osó cambiárselo por estos asquerosos y vacíos prejuicios con los que me veo obligado a vivir… por ahora.

martes, 14 de febrero de 2012

No puedo...

Me gustaría poder escribir esperanzado, pero lo siento, no puedo.
No puedo porque ya no entiendo nada, ya no veo nada, ya no siento nada, ya no soy nada…
Me he convertido en ese conjunto de letras ordenadas al lado de una foto de carnet, en esa silla que se esconde tras la tercera fila de una clase en invierno, cerca de la ventana, en ese cuerpo que no quiere apartar la mirada del plato mientras las comidas transcurren entre prisas, tele y emociones reprimidas, me he convertido en un ciudadano zero, sin opinión, sin ilusión, sin sentido de vivir, con miles de razones por las que luchar pero sin ganas de aferrarse a la vida.
Soy un niñato consentido que con diecisiete años no sabe hacer nada mejor que reclamar y plasmar sobre un frío teclado de ordenador sus quejas, sus penas y miedos internos por no tener cojones de salir ahí fuera y gritar sin miedo que no entiendo el sentido de esta vida, de esta espiral de apariencias vacías de contenido, de este sordo desfile de ilusiones programadas y sonrisas alquiladas.
Soy un esclavo, un producto, un robot, un autómata que llora sus desgracias mientras cumple su rutina, y consume un día más su necesaria dosis de tecnología para que su cabeza quede tranquila.
Solo soy un autocrítico que no es capaz de criticar al resto de la humanidad de lo equivocada que está, porque yo soy el primero que lo estoy. ¡Maldito hipócrita!
No espero reconocimiento, ni halagos, ni corazones nobles que vengan a decirme que soy o he sido un ejemplo a seguir, porque sería mentira… todo fue siempre un gran fachada, una ilusión, la simple máscara de un chico tímido que tuvo miedo a mostrarse tal y como era, y decidió mostrarse tal y como querían verle los demás. Una actitud intachable, una educación impoluta, un corazón noble, unas ideas respetuosas… un alma destrozada de no tener a quien desvelar sus miedos.
El terror azotará de nuevo esta fría noche de invierno en la ciudad, y la luz de luna volverá a iluminar los desconsolados rostros de aquellos que mueren por lo que a mí me sobra… me siento una mierda.
Mañana volverá a salir el sol, todo seguirá girando.
Si te revelas, pierdes tu hermoso e idealizado futuro… pero quizás ganes una vida llena de experiencias. Un largo recorrido en una cuerda floja que me mantenga en tensión día y noche. Emociones, ilusión, dolor, pasión, derrota, sudor, lágrimas, frustración, experiencia, oportunidad, cojones, levantarse, miedo, intento, caídas, baches, obstáculos, corazón, sangre, mente, caricias, llantos… Vida.
No puedo elegir volver a quedarme tirado una vez más mientras veo pasar la vida. ¿Por qué hacerlo todo tan complicado?

sábado, 11 de febrero de 2012

Querido Diario…

No sé porque te llamo querido si ni siquiera sé si existe o si eres un diario, ni siquiera sé si esta es otra de esas muchas ideas impulsivas y descabelladas que acaban por no acabar en nada preciso. Pero bueno, creo que la verdad es que hoy me da todo un poco igual, ha sido un día raro, de un lado para otro siguiendo un horario y una serie de obligaciones, las cuales, por suerte, me han dejado un rato de vida el cual he echado con un amigo hablando de todo un poco en general y del instituto en particular.
Para empezar me gustaría detallar que no sé cómo definirme, podría dar una idea cercana a como pienso o donde me encasillo, pero creo que acabaría haciendo eso mismo, encasillarme, inventarme unas limitaciones de las cuales no podría salir sin pensar que estoy haciendo un mal a alguien o que estoy traicionando a “los que piensan como yo”.
No sé, es una idea suelta, pero me encanta cuando alguien pregunta: “¿Y tú quién o qué eres?”, esperando la típica respuesta de decir tu equipo de fútbol preferido, tu ideología, tu estilo de música o de ropa y, quizás sin venir a cuento, pero creedme que sí, contesto, “¿Yo?, yo soy Carlos.”
Idiota verdad, es posible que alguno piense que hasta podría llegar a ser prepotente, pero no me gusta para nada mezclar la prepotencia con la confianza.
El saber que se tienen las cosas claras, que tienes unos objetivos y confías en ti mismo y tus posibilidades, no tiene nada que ver, ni de lejos, con creer que se está por encima de los demás.
Siendo sincero, para comprender mejor lo que quiero transmitir quizás sea necesario que me conozcáis un poco más antes, lo cual quizás me ayude a conocerme a mí mismo mejor.
Desde chiquitito me he criado y he crecido en un colegio, y por así decirlo, en una educación católica, lo cual quizás explique muchas cosas. A ver, con esto quiero decir, que desde chico he tenido que comulgar con una serie de ideas, dogmas y creencias que ahora, que arbitrariamente he puesto mis ideas un poco en orden y he neutralizado un poco mis razonamientos, me he dado cuenta que nunca había aprobado.
Simplemente, consumido por la inercia de las ideas, y de un entorno que me ha escondido siempre gran parte de la verdad.
Educado en un ambiente donde los debates político-sociales más profundos que podíamos llegar a sopesar eran aquellos que conllevaban, de un modo u otro, como trasfondo alguna contradicción al catolicismo, llámese Burka, Eutanasia, Aborto, Pena de Muerte o Fanatismo Islámico, pasando también por sectas y supersticiones varias.
No digo para nada que esté mal, porque son temas que hay que debatir, pero no creo que la manera correcta sea dando por entendido de antemano que si piensas diferente estás equivocado.
Nunca me atreví a levantar mi voz, y me acostumbré a vivir cómodamente en mi silencio, en mi ignorancia, en mi soledad…
Así que lo siento para el que esperase de mi vida algo en plan “la forja de un rebelde”, lo siento. Únicamente, por h o por b, llega un momento en la adolescencia, en el que sales de tu círculo de personas de ese entorno, y empiezas a conocer a otras personas cuyas vidas han transcurrido por direcciones totalmente diferentes, aunque de algún modo paralelas.
Te das cuenta de que hay más formas de ver las cosas, de afrontar los problemas, otras maneras de pensar, y quizás ahí te empiezas a dar cuenta de que todo en lo que siempre habías creído o en lo que te habían educado, quizás no era “a pies juntillas” lo que estaba bien.
Y aquí hago una especie de mención a aquellos padres y madres que deciden inculcarles sus criterios, prejuicios y creencias desde chicos, tanto de una ideología, religión o rama como de otra o tantas otras como existen.
Solo decir eso, que creo que la educación debería de ser libre e igual hasta cierto punto en el cual la persona tiene la suficiente madurez personal como para decidir por sí mismo lo que quiere, o lo que cree que empieza a querer.

martes, 7 de febrero de 2012

Porque admitir que se teme no es ser un cobarde

Hoy unas palabras han vuelto a retumbar en mi cabeza. Me han dejado trastornado, inquieto… me han hecho sentir de nuevo culpable.
Esas palabras hablaban de aprovechar el presente, de vivir el momento, de olvidarse de soñar para empezar a caminar…
Es como una estaca que se te clava justo en medio del corazón cuando la guerra ya estaba ganada, como el reproche tras el comentario inoportuno entre risas que te hace sentir una mierda, como el día que todo sale bien y no sabes como utilizar esa alegría para ayudar al que está al lado tuya llorando, como cuando estás tirado en el sofá escribiendo sobre aprovechar el tiempo que nos ha sido entregado mientras que tu hermano está justo al lado con la mirada perdida en una fría pantalla, y ambos permanecéis callados…
Porque los ideales hay días que te entran ganas de dejarlos en la puerta de tu casa, y no porque renuncies a ellos u hoy es que quieras pasártelo bien… sino porque los llevas contigo a cuestas, son una carga, un peso, un añadido que en días como hoy no siento como mío, porque en días como hoy no siento nada de nada, ni frío ni calor, y ya no distingo entre caricia y dolor.
Me estoy volviendo a tirar demasiado tiempo haciendo cosas que detesto, así que ya he detectado el problema!!!
Ya está, era solo eso… Cuesta sentir como propio unos valores en días en los que no tienes ganas de plantearte nada.
¿Por qué dolor? ¿Por qué indiferencia, pobreza, sumisión, consumo, distracción, prisas, rutina, corrientes, modas, llantos, odio, desprecio, más prisas y muchísima más indiferencia?… ante todo, ante la vida misma.
Claro. Cómo voy a amar a la humanidad entera si no soy capaz de amarme a mí mismo… no tiene sentido. Y lo que no tiene sentido ni causa ni fundamento acaba por caer como una muralla sin cemento, y tras la humareda y los escombros no queda nada… nada por donde volver a construir.

Mientras queden fuerzas habrá esperanza...

Curioso, ¿verdad?
Otro día más ha pasado desapercibido ante mis ojos, ya perdí la cuenta, así que no merece la pena pararse a hablar sobre ello.
Otro día más sufrí de prisas y estúpidos agobios y me olvidé de vivir por el camino.
Otro día más no sé donde se habrán quedado esas malditas 24 horas.
Otro día más he vuelto a mi casa sin ganas si quiera de preguntarle a mis padres como les ha ido el día, y yo mismo me he justificado cuando los he visto postrados frente a la tele, pensando en lo estúpidos que los veo ahí puestos, como marionetas, como productos de lo que alguien ha decidido que sean.
Un germen continúa creciendo dentro de mí, y joder, me da tanto coraje no saber aprovechar estos años… cada día, cada minuto, cada segundo!!!

Algo me dice que lo que hago está mal. Que aparte mis ojos de la tele, que no me crea nada, que no me calle jamás, que no diga idioteces, que me revele, que luche, que pelee, que viva, que incumpla, que grite, que salte, que no me conforme, que cante, que me exprese, que disfrute, que controle, que me pierda, que me encuentre, que piense, que actúe, que ame, que hable, que acaricie, que sienta, que aprecie, que pare el tiempo y deambule inmerso en tus cálidos ojos marrones.

Al borde del abismo

Cansado y derrotado calló al borde del abismo, clavó sus rodillas en el suelo, y tras lanzar un furioso grito de amargura comenzó a sollozar desconsolado.
Aún con los ojos empañados logró atisbar las palmas de sus manos, que repletas de heridas y ungidas en barro eran levemente iluminadas por la tenue luz de luna.
Se restregó los ojos y volvió a mirarlas de nuevo. Ya no era capaz ni de recordar cuando fue la última vez que aquellas manos acariciaron el rostro de alguna chica, consolaron a algún amigo, o levantaron a quien fuese que necesitase de su ayuda en este perro mundo que cada día giraba más rápido.
Tenía miedo de quedarse a solas con sus pensamientos, pero llorar era la única droga que podía mantenerle vivo, que le hacía recordar que él aún era alguien, que tenía una misión en esta vida.
Miró por un instante atrás, y a su memoria acudieron los recuerdos de todos a cuantos amó, de aquellos a quienes juró volver a abrazar... de aquellos a quienes jamás volvería a ver.
Ahora solo se tenía a si mismo, y un objetivo que cumplir antes de morir. Lamentarse por el tiempo perdido nunca más volvería a detenerle.

Vivir sabiendo que estoy equivocado... ¿Merece la pena?

Pero dolor… ¿dónde? Yo no lo veo. Me dicen que hay dolor, y lo creo,  me dicen que hay hambre y tengo mi plano en la mesa… y lo creo. Me dicen que hay niños explotados mientras yo me quejo de la falta de becas y exijo cada vez más a mis padres.
Me dicen por otro lado que no estoy equivocado, que siga haciendo la vida que hago, que nada va mal, y que si algo lo va no tengo que ser el que lo pague…
Lo siento, no os creo. Ni a vosotros ni a vuestro sistema. Habéis corrompido a la gente que amo y habéis arruinado y matado a la que desconozco. ¿Y ahora queréis venir a por mí? ¡Ni en sueños!
Somos muchos, quizás no suficientes para cambiar el mundo, quizás no bastantes para convencer a la humanidad de que entre todos, con menos, podremos ser mucho más.
Todo aquel que se sienta engañado y manipulado, que busca salidas, caiga o no en la red del desconocimiento y la falta de medios e información.
Estoy convencido de que la solución no está en crecer infinito, sino en crecer en la dirección adecuada…



El tiempo perdido nunca vuelve...

En aquella fría noche de febrero ninguna lágrima cayó al suelo, sus ojos no se tornarían húmedos, mas su profunda mirada perdida en algún punto de la inmensa oscuridad tampoco era pájaro de buen agüero.
Se alma, o lo que quedaba de ella, se debatía en una lucha interna que trataba de liberar a la bestia que yacía dormida en lo más hondo de su ser, en algún olvidado rincón de su pensamiento, tras alguna de las estacas que el azar dejó permanentemente en su corazón.
“El tiempo perdido nunca vuelve”… “¿A qué esperas para hacer algo?”... “¿De verdad piensas seguir mirando pasar la vida?”… “El día que lo pierdas te darás cuenta de lo que tenías”…
Sentía como si alguien dentro de sí no le dejase desenvolverse tranquilo. Aquella voz le seguía en cada movimiento que hacía, en cada sonrisa que esbozaba, en cada profunda respiración, en cada risa, cada vez que su pensamiento volaba ligero más allá de las murallas que él mismo había levantado dentro de su corazón.
La solución estaba en sus manos. Cada milímetro de su cuerpo temblaba al recordarlo. No quería huir, pero aquel miedo a saltar al vacío le consumía cada día más y más, apagando paulatinamente la llamarada de esperanza que hondeaba entre las montañas de sus desengaños.
Simplemente permanecía allí estático, impaciente pero pasivo, a la espera de que alguien viniera a comerse el mundo por él…
Sacó bruscamente su cabeza del barreño de agua helada, y sus cabellos empapados a la tenue luz de la luna mostraban toda la seguridad que hacía lustros que no albergaba su mirada, que ahora permanecía clavada en la llanura que se encontraba al final de aquel abismo, en cuyo borde aguardaba inminente.


AHORA O NUNCA…