¡Dios, esa sonrisa me vuelve loco!
Esos ojos profundos y tranquilos, los mofletes risueños, la
expresión de quien sigue adelante arrastrando un lastre indecible
que le hace ser quien es y no la deja ser al mismo tiempo.
¿Y para qué vivir si no es para estar contigo? Caminar junto a
lo indomable, lo innombrable, lo insondable y terriblemente bello.
No puedo evitarlo, ni tampoco sé si quiero. Dependiente de hacia
donde fluye esta pendiente me deslizo bruscamente hacia ti, y no
puedo ni quiero evitarlo.
Cambió de norte mi pasión, mas mi pasión sigue siendo la misma
y la que nunca ha sido: tú, una de tantas, la única posible.
Quiero conocer la ilusión que he creado dentro de esta burbuja
donde no hay nadie más que ambos; ya saldré algún día fuera, pero
siento que antes que conocerme a mí y conocer al mundo quiero ser tú
y ser yo contigo un segundo, aunque sea mientras me trasportas
sosteniéndome en pie solo con tus ojos.
Me salto pasos, voy a destiempo y las entrañas me susurran que
este no es el camino, pero ¡Joder! no puedo ignorar esta llamada,
este grito desgarrado del alma que quiere ser pasión por un
instante...aaaahhhhh, hace ya tanto que no lo es.
Me arrepentiré toda mi vida si no lo hago ahora, si no te persigo
hasta el fin del mundo, hasta donde sea capaz de ver que mi ojo no se
equivocó al marcarte demasiado pronto.
Aun no te conozco y ya sostienes mi ánimo en tu mano. ¿Por
cuánto tiempo podrá seguir esto así? Poco, por muy poco, así que
descubramos la verdad antes de que el tiempo sedimente sobre el fuego
de nuestras pasiones más incontenibles.
martes, 25 de febrero de 2014
lunes, 24 de febrero de 2014
El lenguaje es solo pasado o futuro, pues cuando se cuenta lo que
se vive deja de vivirse para ser contado.
Guardad, pues, vuestra palabra para cuando sea necesario, y vivid ahora este momento con todos vuestros sentidos, fluid río abajo por la corriente del presente.
El silencio entre dos no es violento, ni tenso, ni vacío. El silencio entre dos que se miran a los ojos es conexión profunda, tan profunda que solo una conexión de otra naturaleza se atreve a hacerle sombra.
¡Dejad atrás vuestra vergüenza y vuestro temor!... y contemplad, vivid; no narréis lo que a nadie le interesa.
¡No huyáis del silencio y la oscuridad! Solo puedo uno escucharse en el silencio, solo puede uno encontrarse en la oscuridad.
No es preciso decir lo que se entiende con una mirada. No es necesario avergonzarse, ya que en un rincón de tu alma, cubierto por el velo de la preocupación, sabes que el otro siempre ha sentido lo mismo.
Guardad, pues, vuestra palabra para cuando sea necesario, y vivid ahora este momento con todos vuestros sentidos, fluid río abajo por la corriente del presente.
El silencio entre dos no es violento, ni tenso, ni vacío. El silencio entre dos que se miran a los ojos es conexión profunda, tan profunda que solo una conexión de otra naturaleza se atreve a hacerle sombra.
¡Dejad atrás vuestra vergüenza y vuestro temor!... y contemplad, vivid; no narréis lo que a nadie le interesa.
¡No huyáis del silencio y la oscuridad! Solo puedo uno escucharse en el silencio, solo puede uno encontrarse en la oscuridad.
No es preciso decir lo que se entiende con una mirada. No es necesario avergonzarse, ya que en un rincón de tu alma, cubierto por el velo de la preocupación, sabes que el otro siempre ha sentido lo mismo.
viernes, 21 de febrero de 2014
La corriente del presente
¿Y qué hacer si aun me siento atado?
Si por más que conozco no comprendo,
si por más que avanzo no avanzo.
¿Será que aun no me he aceptado?
¡Cielos, es verdad que no todo fue ideal en el pasado!
Pero soy un hombre nuevo, porque,
al igual que vos,
a cada instante me rehago.
Mas ahora debo decidir:
Fluir por la corriente del presente,
o estancarme en el pasado.
jueves, 6 de febrero de 2014
Las
canciones más bellas están hechas para ella, mis suspiros más
hondos son los retales del alma que escapan porque quieren dormir a
su lado.
Es la doncella de cuello esbelto, la de la sonrisa que roba el aire, la de palabra firme y sentimiento profundo y vida intensa.
Ella entró para no salir; entró en un vacío que llenó por completo. Su imagen idealizada fue mi motor durante mucho tiempo, y me pregunto sin miedo si será acaso mejor de lo que yo consigo recordar.
Me siento un animal cuando pienso que a veces más que amarla la quiero, la necesito, pero no me avergüenzo porque no he dejado de ser un animal ni un segundo desde que nací, y pienso morir orgulloso aceptando lo que soy.
Animal, joven, en celo, buscador, anhelante, riendo a carcajadas porque si no no me merece la pena vivir.
Me río de tiempos pasados de oscuridad y cansancio, ¡haced lo mismo si queréis ser libres!
Pero no sé porque grito si en verdad hablo para mí, porque hablo a una persona que quizás ya no me escuche.
Pero que le voy a hacer, ya que cuando un corazón está determinado solo late hacia donde él desea.
No seré yo quien luche, tampoco seré yo quien llore. Pero no me quedaré quieto esperando. Llevaré a mi corazón a donde pueda ver la verdad, y se hará su santa palabra, como siempre se debería haber hecho.
Es la doncella de cuello esbelto, la de la sonrisa que roba el aire, la de palabra firme y sentimiento profundo y vida intensa.
Ella entró para no salir; entró en un vacío que llenó por completo. Su imagen idealizada fue mi motor durante mucho tiempo, y me pregunto sin miedo si será acaso mejor de lo que yo consigo recordar.
Me siento un animal cuando pienso que a veces más que amarla la quiero, la necesito, pero no me avergüenzo porque no he dejado de ser un animal ni un segundo desde que nací, y pienso morir orgulloso aceptando lo que soy.
Animal, joven, en celo, buscador, anhelante, riendo a carcajadas porque si no no me merece la pena vivir.
Me río de tiempos pasados de oscuridad y cansancio, ¡haced lo mismo si queréis ser libres!
Pero no sé porque grito si en verdad hablo para mí, porque hablo a una persona que quizás ya no me escuche.
Pero que le voy a hacer, ya que cuando un corazón está determinado solo late hacia donde él desea.
No seré yo quien luche, tampoco seré yo quien llore. Pero no me quedaré quieto esperando. Llevaré a mi corazón a donde pueda ver la verdad, y se hará su santa palabra, como siempre se debería haber hecho.
Vimos el mundo (casi) todos a través del mismo cristal, dentro de la misma jaula, y nos hicimos al molde como el agua se hace a la botella.
Pero ha ocurrido algo curioso: de tanto tiempo en la botella, y de tanto frío como pasamos allí, ahora que la botella no está aun conservamos su forma.
¿Acaso no veo que el molde ya no está? ¿Acaso olvidé (o nunca supe) que veía el mundo tras un cristal dentro de una jaula? ¿Nunca se me ocurrió que lo que veía quizás fuese pintado o colocado allí para yo verlo?
Ahora comprendo una cosa. Cuando escuché hablar de romper moldes y de salirse de los esquemas esas voces realmente no hablaban de romper moldes y salirse de los esquemas; hablaban de romperse a uno mismo, de salirse de uno mismo.
Comienzo a entender que no puedo romper el molde que hace mucho tiempo que ya no está, que no puedo salirme de un esquema que ahora es (soy) ¿yo?
Siento la agradable sensación de derramarme, de no esperar, de comtemplar, de inventar, de rendirme, de no temer, y al mismo tiempo noto como cargo conmigo esos pedazos de hielo que aun no recibieron la luz que emana de mi interior.
¿No soy, acaso, niño y camello al mismo tiempo?
Este es el camino que voy dejando en la arena, hacia donde el trozo de mi alma que ya es serena me pide fluir.
Mi vida no es una guerra contra mi mismo, ni tampoco una guerra contra el mundo.
Yo doy unos pasos, otros dan otros, otros no se mueven. ¿Quién soy yo para juzgar a nadie? ¿Acaso no fui y soy un ciego que caí y caigo? Para mí la sabiduría no es ir solo hacia adelante, sino comprender que donde yo caí es justo que otros caigan. Y que donde yo no caí también es justo que otros caigan, porque a la semilla que cae en tierra seca no es justo pedirle el mismo resultado que a la semilla que tiene la suerte de caer en tierra rica.
Entonces, cuando uno se comprende y comprende a los demás y comprende al mundo, la guerra ya no tiene sentido, y el calor luminoso que te hace derretirte y evaporarte y expandirte en todas direcciones en ese momento es lo que muchos hombres llamados sabios han tratado de explicar durante milenios diciendo que es lo único que no tiene precio, un estado en el que merece la pena vivir, el culmen de la especie humana: el amor.
Pero ha ocurrido algo curioso: de tanto tiempo en la botella, y de tanto frío como pasamos allí, ahora que la botella no está aun conservamos su forma.
¿Acaso no veo que el molde ya no está? ¿Acaso olvidé (o nunca supe) que veía el mundo tras un cristal dentro de una jaula? ¿Nunca se me ocurrió que lo que veía quizás fuese pintado o colocado allí para yo verlo?
Ahora comprendo una cosa. Cuando escuché hablar de romper moldes y de salirse de los esquemas esas voces realmente no hablaban de romper moldes y salirse de los esquemas; hablaban de romperse a uno mismo, de salirse de uno mismo.
Comienzo a entender que no puedo romper el molde que hace mucho tiempo que ya no está, que no puedo salirme de un esquema que ahora es (soy) ¿yo?
Siento la agradable sensación de derramarme, de no esperar, de comtemplar, de inventar, de rendirme, de no temer, y al mismo tiempo noto como cargo conmigo esos pedazos de hielo que aun no recibieron la luz que emana de mi interior.
¿No soy, acaso, niño y camello al mismo tiempo?
Este es el camino que voy dejando en la arena, hacia donde el trozo de mi alma que ya es serena me pide fluir.
Mi vida no es una guerra contra mi mismo, ni tampoco una guerra contra el mundo.
Yo doy unos pasos, otros dan otros, otros no se mueven. ¿Quién soy yo para juzgar a nadie? ¿Acaso no fui y soy un ciego que caí y caigo? Para mí la sabiduría no es ir solo hacia adelante, sino comprender que donde yo caí es justo que otros caigan. Y que donde yo no caí también es justo que otros caigan, porque a la semilla que cae en tierra seca no es justo pedirle el mismo resultado que a la semilla que tiene la suerte de caer en tierra rica.
Entonces, cuando uno se comprende y comprende a los demás y comprende al mundo, la guerra ya no tiene sentido, y el calor luminoso que te hace derretirte y evaporarte y expandirte en todas direcciones en ese momento es lo que muchos hombres llamados sabios han tratado de explicar durante milenios diciendo que es lo único que no tiene precio, un estado en el que merece la pena vivir, el culmen de la especie humana: el amor.
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