Las
canciones más bellas están hechas para ella, mis suspiros más
hondos son los retales del alma que escapan porque quieren dormir a
su lado.
Es
la doncella de cuello esbelto, la de la sonrisa que roba el aire, la
de palabra firme y sentimiento profundo y vida intensa.
Ella
entró para no salir; entró en un vacío que llenó por completo. Su
imagen idealizada fue mi motor durante mucho tiempo, y me pregunto
sin miedo si será acaso mejor de lo que yo consigo recordar.
Me
siento un animal cuando pienso que a veces más que amarla la quiero,
la necesito, pero no me avergüenzo porque no he dejado de ser un
animal ni un segundo desde que nací, y pienso morir orgulloso
aceptando lo que soy.
Animal,
joven, en celo, buscador, anhelante, riendo a carcajadas porque si no
no me merece la pena vivir.
Me
río de tiempos pasados de oscuridad y cansancio, ¡haced lo mismo si
queréis ser libres!
Pero
no sé porque grito si en verdad hablo para mí, porque hablo a una
persona que quizás ya no me escuche.
Pero
que le voy a hacer, ya que cuando un corazón está determinado
solo late hacia donde él desea.
No
seré yo quien luche, tampoco seré yo quien llore. Pero no me
quedaré quieto esperando. Llevaré a mi corazón a donde pueda ver
la verdad, y se hará su santa palabra, como siempre se debería
haber hecho.
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