jueves, 6 de febrero de 2014

Las canciones más bellas están hechas para ella, mis suspiros más hondos son los retales del alma que escapan porque quieren dormir a su lado.


Es la doncella de cuello esbelto, la de la sonrisa que roba el aire, la de palabra firme y sentimiento profundo y vida intensa.


Ella entró para no salir; entró en un vacío que llenó por completo. Su imagen idealizada fue mi motor durante mucho tiempo, y me pregunto sin miedo si será acaso mejor de lo que yo consigo recordar.


Me siento un animal cuando pienso que a veces más que amarla la quiero, la necesito, pero no me avergüenzo porque no he dejado de ser un animal ni un segundo desde que nací, y pienso morir orgulloso aceptando lo que soy.


Animal, joven, en celo, buscador, anhelante, riendo a carcajadas porque si no no me merece la pena vivir.


Me río de tiempos pasados de oscuridad y cansancio, ¡haced lo mismo si queréis ser libres!


Pero no sé porque grito si en verdad hablo para mí, porque hablo a una persona que quizás ya no me escuche.


Pero que le voy a hacer, ya que cuando un corazón está determinado solo late hacia donde él desea.


No seré yo quien luche, tampoco seré yo quien llore. Pero no me quedaré quieto esperando. Llevaré a mi corazón a donde pueda ver la verdad, y se hará su santa palabra, como siempre se debería haber hecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario