martes, 7 de febrero de 2012

El tiempo perdido nunca vuelve...

En aquella fría noche de febrero ninguna lágrima cayó al suelo, sus ojos no se tornarían húmedos, mas su profunda mirada perdida en algún punto de la inmensa oscuridad tampoco era pájaro de buen agüero.
Se alma, o lo que quedaba de ella, se debatía en una lucha interna que trataba de liberar a la bestia que yacía dormida en lo más hondo de su ser, en algún olvidado rincón de su pensamiento, tras alguna de las estacas que el azar dejó permanentemente en su corazón.
“El tiempo perdido nunca vuelve”… “¿A qué esperas para hacer algo?”... “¿De verdad piensas seguir mirando pasar la vida?”… “El día que lo pierdas te darás cuenta de lo que tenías”…
Sentía como si alguien dentro de sí no le dejase desenvolverse tranquilo. Aquella voz le seguía en cada movimiento que hacía, en cada sonrisa que esbozaba, en cada profunda respiración, en cada risa, cada vez que su pensamiento volaba ligero más allá de las murallas que él mismo había levantado dentro de su corazón.
La solución estaba en sus manos. Cada milímetro de su cuerpo temblaba al recordarlo. No quería huir, pero aquel miedo a saltar al vacío le consumía cada día más y más, apagando paulatinamente la llamarada de esperanza que hondeaba entre las montañas de sus desengaños.
Simplemente permanecía allí estático, impaciente pero pasivo, a la espera de que alguien viniera a comerse el mundo por él…
Sacó bruscamente su cabeza del barreño de agua helada, y sus cabellos empapados a la tenue luz de la luna mostraban toda la seguridad que hacía lustros que no albergaba su mirada, que ahora permanecía clavada en la llanura que se encontraba al final de aquel abismo, en cuyo borde aguardaba inminente.


AHORA O NUNCA…

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