Se que el mundo no es tan fácil como a la juventud nos parece… pero en el fondo somos todos iguales.
Las diferencias las ponemos nosotros, el odio nace de nuestro propio miedo e infelicidad.
A veces todos necesitamos ver a ese niño que sonríe con una piruleta en la mano cuando decidimos hacer daño a alguien.
Nosotros mismos nos deshumanizamos, decidimos ver a los demás como enemigos, como de otra especie… pero no somos capaces de mirarles al corazón, de donde nacemos las personas.
Nadie puede ser tan miserable como para no merecerse ser amado, recibir una sonrisa al despertar y un beso al ir a acostarse.
Nuestra actitud nace en una gran parte de nuestro entorno, no siempre somos culpables, no siempre podemos elegir… pero claro, eso no se ve a simple vista.
Benditas banderas que nos unen a una pequeña minoría y nos harían dar la vida por ellos…
Malditas banderas y fronteras que nos separan del resto del mundo, que crean odio y miedo a lo diferente, que enriquecen este mundo y empobrece nuestros corazones.
Benditos mayores que son el ejemplo y la experiencia…
Bendita juventud que somos la fuerza y resistencia…
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