domingo, 3 de noviembre de 2013

Madrugá del 4 de Noviembre

Hoy soy prisionero de la noche...


Me dejé atrapar una vez más por esta sensual y traicionera araña que con su sinuosa teleraña me arrastra una noche más hacia la más doloroso indolencia, la indiferencia, el tedio, la desgana.


Cuando la oscuridad me atenaza solo una pregunta no quiero contestar cuando estoy débil: “¿Cómo llegue a estar así?”


Cuando la oscuridad me atenaza solo hay algo que no me atrevo a hacer : Disfrutar del momento.


Esta noche no voy a ser débil, estoy ofuscado porque hoy no he estudiado lo que debía y me siento estúpido, así que la solución es sencilla...
Ponerme a estudiar...” ¡No!
Salir a la terraza y disfrutad de la noche y del frío antes de acostarme, y mañana levantarme temprano y estudiar.


Dice Robin Sharma “Quien fracasa en la planificación planifica su fracaso”, así que hoy no me voy a dejar llevar por el fácil fatalismo de sentir como todo se amontona porque es anti-productivo y angustioso.


Ale, pues voy a cumplir lo dicho, pero antes no quiero dejar pasar la oportunidad de escribir sobre esto.


Si en algo ha fallado nuestra cultura es en que hemos perdido la capacidad de ponernos metas personales, auto-evaluarnos y actuar con determinación por una causa que nos llene.


Lo llevamos genial a nivel profesional y académico, todo el mundo se plantea la eficacia en su trabajo y compagina la universidad con el B2 de inglés y el carné de conducir, pero... ¿cómo de común es plantearse reservar 20 minutos al día para sentarse en una silla?, ¿para meditar si quizás no debería besar a esa chica porque realmente no la quiero y le vaya a hacer daño?, ¿para ponerme unos medios para mejorar mi constancia en las cosas que verdaderamente me importan, como es estar sereno durante todo el día?


No aporto ninguna solución, soy consciente, y este camino ahora mismo solo lleva a tratar de aclarar el camino de porqué hoy día la gente anda tan perdía.


Solo atreviéndose a charlar con nosotros mismos sobre nuestra vida se puede madurar, crecer como ser humano, todo lo demás es simple aprendizaje de conductas adaptativamente efectivas que nos hacen parecer más sabios, más cultos, más curtidos en esto de vivir, pero esas caras serias y lejanas no son más que un símbolo de incomprensión, una máscara de aquel que no sabe como afrontar que su espíritu envejece tan rápido como su cuerpo.


Ña, que me enrollo.


Sin miedo y a disfrutar del momento como a cada uno le plazca, que el miedo está bien para cuando nos persigue un león o nos apuntan con una pistola, pero no para afrontar las experiencias del caminar.

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