sábado, 15 de diciembre de 2012


Si conociésemos la pobreza de nuestro corazón nos despreciaríamos a nosotros mismos.

Nos despreciaríamos, al menos yo lo haría, y antes lo hacía mucho, y luego mejoraba, pero ahora me veo incapaz incluso de despreciarme, de hacerme cenizas, para luego renacer…

Vivo con prisa, pero sin saber lo que vivo, sin pararme a pensar un momento, guiado por… ¿por quién? Por los demás, por todo y por todos, por lo que no sobresale a la norma, sin seguir los dictados de un corazón que ha dejado de latir…

Un camino de sinsabores e indiferencia buscando únicamente la comodidad y la falta de complicación nunca lo he querido para mi vida, pero es que me encuentro con unos 6450 días a las espaldas y todavía no he sido capaz de encontrarme a mí mismo.

Podría echarle la culpa a mucha gente, pero eso no me llena nada más que de ira, pero no llena lo que verdaderamente quiero tener lleno, que es el alma de vida, es decir, tener ganas de vivir, no tener miedo al futuro, sino todo lo contrario, disfrutar el momento, ser yo mismo y compartir y ayudar a los demás en su camino hacia su verdad, su felicidad, hacia ellos mismo y a los suyos, que pueden ser todos…

No quiero ser una persona débil en ninguno de los sentidos, no quiero diluirme entre las vacías creencias de los demás, no quiero que llegue un día en el que no me reconozca y no quede en mí ni el anhelo por aquel que siempre he querido ser… una persona llena y viva.

Es verdad que no siempre se me ha educado para eso… ¿y qué? Ahora mi vida tiene que ser mía, porque en verdad tengo muchísima suerte en comparación con la gente que me rodea en cuanto a influencias de gente que es capaz de hablarte de su corazón al tuyo sin miedos ni vergüenzas, y aquí le doy las gracias de una manera exagerada a la JOC, a la gente de la JOC, y en especial a mi grupo (Guauuuu… mi grupo, nuestro grupo de vida...) por haberme acogido tan rápido y sin ningún inconveniente.

Quiero conocer más, vivir más, compartir más y más profundo, porque estaba o estoy empezando a creer que todo estaba perdido, que no le encontraba sentido a las días que se van sin que pase nada, o sin ser capaz de darme cuenta todo lo que ha pasado, o lo que no hice porque pasase…

Se me había olvidado el valor del contacto con los demás, lo que se puede aprender, lo que se puede sentir, aunque no siempre se esté al 100%...

Ahí, cuando realmente conectas con alguien, es cuando todas los problemas superficiales que se comenzaban a hacer una bola de nieve cada vez más grande se disuelven, dejándonos limpios y fértiles para que cualquier semilla que nos echen encima sea capaz de crecer.

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