Si
conociésemos la pobreza de nuestro corazón nos despreciaríamos a nosotros
mismos.
Nos
despreciaríamos, al menos yo lo haría, y antes lo hacía mucho, y luego
mejoraba, pero ahora me veo incapaz incluso de despreciarme, de hacerme
cenizas, para luego renacer…
Vivo
con prisa, pero sin saber lo que vivo, sin pararme a pensar un momento, guiado
por… ¿por quién? Por los demás, por todo y por todos, por lo que no sobresale a
la norma, sin seguir los dictados de un corazón que ha dejado de latir…
Un
camino de sinsabores e indiferencia buscando únicamente la comodidad y la falta
de complicación nunca lo he querido para mi vida, pero es que me encuentro con
unos 6450 días a las espaldas y todavía no he sido capaz de encontrarme a mí
mismo.
Podría
echarle la culpa a mucha gente, pero eso no me llena nada más que de ira, pero
no llena lo que verdaderamente quiero tener lleno, que es el alma de vida, es
decir, tener ganas de vivir, no tener miedo al futuro, sino todo lo contrario,
disfrutar el momento, ser yo mismo y compartir y ayudar a los demás en su
camino hacia su verdad, su felicidad, hacia ellos mismo y a los suyos, que
pueden ser todos…
No
quiero ser una persona débil en ninguno de los sentidos, no quiero diluirme
entre las vacías creencias de los demás, no quiero que llegue un día en el que
no me reconozca y no quede en mí ni el anhelo por aquel que siempre he querido
ser… una persona llena y viva.
Es
verdad que no siempre se me ha educado para eso… ¿y qué? Ahora mi vida tiene
que ser mía, porque en verdad tengo muchísima suerte en comparación con la
gente que me rodea en cuanto a influencias de gente que es capaz de hablarte de
su corazón al tuyo sin miedos ni vergüenzas, y aquí le doy las gracias de una
manera exagerada a la JOC, a la gente de la JOC, y en especial a mi grupo
(Guauuuu… mi grupo, nuestro grupo de vida...) por haberme acogido tan rápido y
sin ningún inconveniente.
Quiero
conocer más, vivir más, compartir más y más profundo, porque estaba o estoy
empezando a creer que todo estaba perdido, que no le encontraba sentido a las
días que se van sin que pase nada, o sin ser capaz de darme cuenta todo lo que
ha pasado, o lo que no hice porque pasase…
Se
me había olvidado el valor del contacto con los demás, lo que se puede
aprender, lo que se puede sentir, aunque no siempre se esté al 100%...
Ahí,
cuando realmente conectas con alguien, es cuando todas los problemas
superficiales que se comenzaban a hacer una bola de nieve cada vez más grande
se disuelven, dejándonos limpios y fértiles para que cualquier semilla que nos
echen encima sea capaz de crecer.
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