Dijeron los alumnos de la
escuela de Barbiana que “los verdaderos educadores dan a sus educandos todo lo
que aman, lo que creen y lo que esperan.
El educando mientras crece
le añade algo, y así la humanidad avanza.
Los animales no van al
colegio, y las golondrinas hacen sus nidos iguales desde hace miles de años”.
Hacia donde estamos
caminando entonces si no somos capaces de amar, de tener esperanza y sueños.
Yo… sé muy poco, casi nada.
Me siento uno más entre un gran grupo de nadies que creen ser dueños de sus
vidas.
Si conozco algo normalmente
es porque lo he leído, pero sé poco porque poco es lo que asimilo, lo que
comprendo, lo que amo.
No me gusta que se me llene
la boca con palabras que no siento, y los días que soy fiel a esa voz de mi
interior me doy cuenta que apenas abro la boca, y quisiera que esos días fueran
los que no hubiese quien me callara.
¿La vida? Me estoy dando
cuenta de que se puede encontrar en cualquier lugar, pero tenemos que estar
decididos de ir a por ella. Yo soy de los que deja al corazón en estado de
espera fantaseando con grandes viajes y aventuras donde encontrarme a mí mismo
y salvar al mundo de su deshumanización, hambre e incomunicación mientras en el
día a día las horas van pasando y yo me escondo esperando que llegue ese día…
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